viernes, 8 de julio de 2016

FUTURUM NOSTRUM


Una inquietante novela de anticipación sobre el futuro próximo de España y Europa




Futurum Nostrum… ¿nuestro futuro?

Lo que nos depara el porvenir es una incógnita ciertamente (por suerte) pero el futuro descrito en este libro es uno de los posibles… y hasta probable, si las políticas felonas, antieuropeas y suicidas de nuestros gobernantes no cambian.

Futurum Nostrum es una novela escrita por mi amigo y camarada Lucio Peñacoba, una distopía que es un cuadro imaginado de un futuro lamentable, en Europa y España. Un futuro en el que el orden público se desmorona y se desencadenan conflictos generalizados de carácter étnico-religioso, con los pueblos europeos doblemente víctimas: por un lado de una inmigración incontrolada, que da lugar al nacimiento de comunidades enteras alógenas y creación de zonas de No-España en la Península (y concretamente en Madrid, donde se desarrolla buena parte de la acción); por otro lado de los traidores internos, que como una infección destruyen las defensas de la sociedad y enseñan a los españoles a odiar lo que son, haciéndoles incapaces de reaccionar.

El lector atento reconocerá cómo la realidad actual se parece –incluso demasiado- a la primera parte de la novela, donde se incuba el caos del futuro. Una primera parte que quizá dentro de poco sea superada por los acontecimientos y ya no sea imaginación futurista, sino novela costumbrista.

Libro bien escrito y entretenido, que se deja leer fácilmente y yo leí de un tirón, es la historia de unos personajes, no superhéroes sino gente corriente, que intentan sobrevivir en medio de un mundo que se desmorona. Gente común pero no vulgar, sino muy al contrario perteneciente a esa élite invisible que sabe dar lo mejor de sí cuando un mundo torcido termina de pudrirse y desemboca en el caos. Gente que podría ser cualquiera de nosotros, que no se abandona al nihilismo sino que sabe mantener la dignidad y unirse, como respondiendo a una secreta llamada, para crear un rincón de orden y una semilla de futuro en medio del desastre.

El libro se puede solicitar en la tienda KELTIBUR

Deseo buena y entretenida lectura de este libro totalmente recomendable, y también con la esperanza de que que sirva de estímulo a la reflexión: para aprender a ver las señales de este futuro posible en las noticias que nos llegan cada día, para reconocer en tantos discursos aparentemente inocentes y bienintencionados la falsedad y la mentira, la palabra envenenada de los sembradores del caos.

viernes, 1 de julio de 2016

OCCIDENTE, EL GRAN AQUELARRE HOMOSEXUALISTA





Como cada año por estas fechas estamos en la Semana del Orgullo, ese carnaval chabacano y ramplón que cada verano castiga las ciudades de medio mundo y especialmente de Occidente. El homosexualismo ha logrado apropiarse del arco iris, hermoso símbolo hasta que los sodomitas lo erigieron en su bandera, de la palabra “Orgullo” y hasta de la alegría, pues no es otro el sentido original de “Gay” en inglés. Alegría que, por cierto, vemos bien poco en los nauseabundos aquelarres LGTB, vemos únicamente exhibicionismo impúdico compulsivo, la anormalidad que rompe todas las barreras y una voluntad de provocar verdaderamente arrogante, bien cubiertos como se saben por nuestras basurclases dirigentes.

Ya comenté el tema en mi entrada Repugnante semana de propaganda sodomita escribiendo la cual me quedé, lo admito, muy a gusto. No voy a repetirme, pero sí a comentar cómo la situación sigue empeorando, cómo la propaganda de la lobby homosexual (que existe de manera evidentísima y tiene una influencia enorme) ha lavado los cerebros y ha inundado el ambiente social, hasta el punto de que quien se opone a la ideología homosexualista cada vez está más aislado y se le empieza a perseguir con una repugnante nueva inquisición.

El ambiente homosexualista es ya un hecho, ya domina el discurso y por mil signos se quiere imponer a todos como la nueva ortodoxia. Es un cambio que ha tenido lugar muy rápidamente, en menos de una generación, que quien tenga más de treinta años ha podido observar perfectamente. Tres episodios bastarán para ilustrar este hundimiento.

El primero es la política de la Universidad Complutense que premiará con créditos ser voluntario en el Orgullo Gay. Méritos académicos dignos de nota, efectivamente, en el mundo semianalfabeto de la corrección política. Poco importa que sean créditos para uno de los numerosos títulos basura, lo importante es el aspecto simbólico. La Universidad se ha convertido en un estercolero, además de un nido de sabandijas radicales y de fomento de la degeneración; seguramente no un lugar donde se pueda pensar libremente, pues la mano de hierro de la censura progresista vigila y castiga.

El segundo es el episodio de una madre que envió una queja a la basurcadena televisiva que estaba viendo su hijo de nueve años, pues estaba emitiendo (en horario infantil) un programa de promoción de la bisexualidad. Inmediatamente los twitterborregos comenzaron a protestar en masa y agredir verbalmente a la señora por su contra la queja “homófoba”; hasta salió la noticia en algunos medios, naturalmente con comentarios desfavorables a la madre. La mujer había escrito “sinvergüenzas, asquerosos, hijos de vuestra madre” que es lo mínimo que se puede decir frente a un programa de promoción de bisexualidad en horario infantil, cuando tu hijo lo está viendo. Este odioso ambiente de linchamiento contra quienes resisten a la propaganda homosexualista se está convirtiendo en algo general, y va en paralelo al uso impropio de la palabra homófobo, que les han metido con calzador a los cerebros lavados, para que la escupan contra todo aquel que se oponga a la degeneración sexual y a la corrupción de sus hijos.

El tercer episodio son las palabras del Papa marxista y políticamente correcto que se va ya quitando la careta para revelarse un instrumento más de las fuerzas de la degeneración. Además de exhortar a los líderes cristianos a moderar su discurso contra las uniones de invertidos, también ha dicho que los cristianos deberían pedir perdón a los homosexuales. Tales lamentables palabras muestran cuán bajo ha caído la iglesia. Es el Papa sin duda quien debería pedir perdón a los católicos, por colaborar con la descomposición social, traicionar su doctrina, su patrimonio espiritual y a los creyentes que le siguen aún. La religión cristiana fue baluarte durante siglos de valores válidos (quizá porque era un catolicismo europeo en una Europa sana) y aún puede serlo, pero actualmente la Iglesia está recorriendo una pendiente descendente, sacando a la luz lo peor que lleva dentro y alineándose cada vez más con la corrección política.

Sin extenderme más, el cuadro que se nos presenta es de un dominio aparentemente irremediable del homosexualismo y las lobbies de la degeneración, pero no debemos olvidar jamás que las fuerzas cuyo triunfo es tan completo son en realidad como las células cancerosas que triunfan en un cuerpo moribundo y que todo este mundo lleva dentro un hedor a cadáver y descomposición. Sólo los mentecatos con la mirada vacía perdida en la hipnosis progresista, sin perspectiva ni memoria ni recto criterio, pueden pensar que es el necesario e irreversible progreso de la especie humana.


Estamos en una época de decadencia y degeneración, permeada del olor inconfundible de la muerte, como ha habido otras en la historia. Se trata de mantener firmes las posiciones y poner los ojos en el futuro, sin descender a compromisos ni aceptar el discurso de los mensajeros de la podredumbre.

Max Romano

viernes, 24 de junio de 2016

LA ESPAÑA ESTÚPIDA, FANÁTICA Y MALCRIADA







Escribo Estas líneas al día siguiente de una votación con la que los británicos han decidido salir de la Unión Europea; ha debido ser un revés de cierta entidad para las élites mundialistas que nos dirigen bajo fachada democrática, a tenor de la impertinencia y la actitud de injerencia que han exhibido  todo tipo de personajes e instituciones a favor de la permanencia en la UE; Unión Europea que se está revelando un fracaso, un yugo para los pueblos de Europa, una imposición de la degeneración social desde arriba y una manera de tener a Europa políticamente débil y sometida a estas élites mundialistas.

Pero no es el tema de esta entrada Europa sino España. En efecto el próximo domingo 26 se celebrarán elecciones generales en nuestro país,. El ambiente dominante en la política y fuera de ella es, no sólo de estupidez generalizada y bajísimo nivel por todas partes (a lo que ya estamos acostumbrados desde hace tiempo), sino también de un fanatismo creciente y un clima intimidatorio por parte de la extrema izquierda; situación que podríamos describir como la salida de toda clase de ratas de sus antros las cuales, sabiéndose impunes y cubiertas por sus congéneres en el poder, se sienten autorizadas a agredir y vejar todo lo que está por encima de ellas y supera su ratesca concepción del mundo.

Sobre lo primero, la mediocridad general, basta observar el vacío de los discursos, la insignificancia de los políticos que no saben más que repetir los lugares comunes y las vulgaridades en boga. Enanos mentales incluso comparándolos con los políticos de la Transición, que ya es decir. Un ejemplo entre tantos, la repetición por parte de la izquierda del término “heteropatriarcado” como fuente de todos los males (un poco como la repelente española media actual habla de “machismo” cada vez que un hombre le lleva la contraria); ya el uso del término “heteropatriarcado” califica inmediatamente como mentecato a quien hace uso de él: es como si tuviera escrito en la frente “soy imbécil”.

Acerca de lo segundo, el fanatismo y el clima de agresión, desde hace tiempo se repiten una serie de pequeños episodios aberrantes, pequeños pero no aislados ni ocasionales, que se van generalizando y van a más. La quema de dos capillas en la Galicia rural, las agresiones por llevar la bandera de España, la prepotencia habitual e impune de los piojosos y la escoria con los símbolos nacionales y religiosos. Prepotencia posible en primer lugar porque se saben con las espaldas cubiertas por esa otra escoria afín que ha escalado el poder.

Democráticamente es cierto, pero eso nunca puede ser un argumento a favor de la chusma, sino al contrario un argumento contra la democracia, por haber forjado una generación con semejante porcentaje de degenerados, niñatos malcriados y revolucionarios de pacotilla asustaviejas (pues el verdadero coraje de medirse con quienes les pueden devolver el golpe no lo tienen).

A ellos vamos, a toda esta gente berreante que querría volver al espíritu de los años treinta, que se llena la boca todos los días con los bien conocidos abortos de la mitología izquierdista de la época: antifascismo, la segunda república, el marxismo-leninismo, etcétera; referencias desde luego que, además de ser en realidad una simple pose (no podría ser de otra manera) están condimentadas con la ignorancia, el sectarismo y una lectura de la historia grotescamente deformada.

Sin embargo, a pesar de todo y por mucho que se empeñen en volver al pasado y retorcer la retórica, la realidad no da para más: lo que fue una tragedia española en un mundo de conflicto auténtico, duro y a muerte, con modelos alternativos de sociedad y un contenido real de la política, hoy no puede ser más que una farsa ridícula.

El material humano es demasiado diverso, los revolucionarios de salón y mariscada incubados en los antros parasitarios de la izquierda universitaria no son los  intelectuales de los años treinta; ni los estudiantes son lo mismo pues hoy ni siquiera estudian sino que se limitan a parasitar, hacer botellón y jugar con los aparatos imbecilizadores electrónicos. Los revolucionarios de ayer no son los hijos del bienestar y niñatos malcriados de hoy que asumen poses izquierdistas; por cierto que si aquéllos viviesen hoy pondrían a los segundos en su sitio a guantazo limpio. Lo que no significa que los actuales sean inofensivos, sea claro. A nivel personal y político, son perfectamente capaces en lo  primero de herir o matar y en lo segundo, también son perfectamente capaces de destrozar España. Ya han destrozado la cultura y el Derecho, ya han infectado las instituciones y han podrido el Estado, ya han hecho daños gravísimos.

Pero no son más que los niños mimados y malcriados del sistema, payasos totalmente integrados en la ideología dominante y a los que se permiten estos caprichos; gente cuyos ideales son en el fondo pequeñoburgueses (sí, precisamente ellos que a palabras lo rechazan, pero no es nada más que la inmadurez del adolescente que berrea su emancipación mientras papá sigue pagando) en el mejor de los casos; pero por lo general su  ideal no es ni siquiera éste, sino puramente parasitario, sobre todo en la variedad izquierdista del revolucionario de plastilina y sus mediocrísimos representantes políticos. Por tanto convergen con sus “oponentes” políticos de la “derecha” en su adhesión total al status quo y al sistema de poder establecido.

En vano buscaremos potencial revolucionario o propuestas válidas de cambio. La retórica izquierdista y leninista es únicamente eso, retórica, porque tienen la cadena muy medida; no son expresión de nada nuevo sino exclusivamente de la degeneración personal, política, moral, cultural que conlleva el marxismo cultural y el pensamiento único, del cual son la expresión desaseada y piojosa, así como las juventudes de la “derecha” son la expresión con ropa de marca. Aunque por lo menos hay que reconocer a estos últimos su mayor  aseo, que ya es algo.

Los revolucionarios “marxistas-leninistas” de hoy no atacan los símbolos religiosos y patrióticos y quieren destruir España porque sean los herederos de los años treinta; lo podrán pensar algunos en su confusión mental, pero la verdad es que atacan la religión y la patria porque el Mundialismo, el Sistema y la Finanza Cosmopolita quieren la destrucción de las tradiciones y las patrias. Ellos no son más que sus marionetas obedientes. No son no siquiera jóvenes a pesar de haber nacido ayer, carecen de la chispa de la auténtica juventud y con veinte años tienen ya mentalidad senil y caduca.

No obstante las apariencias, si ha de haber un futuro para España y Europa, no está en esta masa de viejos de veinte años y sus malos maestros de cuarenta. El futuro está en los españoles que tienen aún el sentimiento sano y recto de la tradición y de la patria, de quienes no se dejan llevar por la corriente de aguas inmundas procedentes de las cloacas que rebosan y pretenden arrastrar todo a su paso.

MAX ROMANO

viernes, 17 de junio de 2016

LAS LESBIANAS, EL RADAR DEFECTUOSO Y EL NIÑO TORTURADO HASTA LA MUERTE




La venganza contra el sexo masculino llevada a cabo en la persona de un niño de dos años

Al lector probablemente le habrá pasado desapercibida esta noticia, pues los medios basura de la gran prensa, tan dispuestos a saltar inmediatamente con chillidos histéricos cuando alguien le da un empujón a un mariquita en cualquier calle española, han guardado un silencio cómplice y totalmente intencionado sobre este suceso. ¿Por qué? Porque la víctima es un niño de dos años, torturado sistemáticamente durante largo tiempo y finalmente muerto por los golpes que le propinaban sus dos “madres”, una de ellas la madre verdadera y la otra su pareja lesbiana. Las dos han sido condenadas hace un par de semanas a cadena perpetua por un tribunal en Escocia.

Aunque los basurmedios en nuestro país hayan pasado de puntillas sobre ello, el caso ha tenido bastante resonancia y una búsqueda en internet proporciona múltiples referencias a la noticia. Naturalmente les ha faltado tiempo, a los diversos tipos de borregos, idiotas y malintencionados de la corrección política, para decir que esta monstruosidad no tiene nada que ver con el hecho de que fueran lesbianas.

Bien, para empezar ya el solo hecho de confiar la crianza de un niño a una pareja de lesbianas es una violencia contra la infancia, independientemente de si las lesbianas comenten o no otras violencias adicionales, que sí sean reconocidas como tales por nuestra degenerada sociedad. Ignoro si estas violencias adicionales son cometidas en mayor número en las aberrantes “familias” homosexuales, respecto a las familias de verdad que merecen este  nombre. No puedo asegurarlo. Pero lo que sí sé es que se tratan con mucha discreción los casos que salen a la luz de homosexuales que abusan de sus “hijos”; que un niño criado por invertidos tiene altas probabilidades de crecer con una identidad sexual desviada, es decir de sufrir esa violencia contra la infancia llamada corrupción de menores, como se decía cuando se llamaba a las cosas por su nombre, es decir antes de que la basura humana tomase el control de Occidente; y sé también, con mayor certeza porque ha sido verificado repetidamente, que los menores que crecen sin la presencia y la protección del Padre (del Padre, recalco, mal que le pese a la canalla antipaterna) tienen más riesgo de sufrir abuso y maltrato.

No le ahorraré al lector los detalles odiosos que han salido durante el proceso. Le dejaban atado a una silla durante horas tras duchas de agua fría, le encerraban en una jaula, le metían a oscuras en un habitación con ratas y serpientes, le obligaban a comer excrementos de animales y sus propios vómitos, le propinaban repetidos golpes (los médicos encontraron treinta lesiones externas en su pequeño cuerpo, prácticamente no le dejaron un rodal sano), le rompieron un brazo y un muslo; finalmente, la causa inmediata de la muerte fue que le reventaron el corazón a golpes. Recordemos, se trataba de un niño de dos años.

Creo que es suficiente. Honestamente no podemos decir que torturaron al niño hasta la muerte porque eran lesbianas. La mayor parte de las lesbianas que crían niños no hacen esto, o por lo menos no llegan a ese extremo. Pero sí podemos decir que pudieron llegar a ese punto sin que nadie interviniera porque eran lesbianas. Sí podemos decir que querían la custodia del niños únicamente para torturarlo (me parece evidente después de lo comentado). Sí podemos decir que los casos de abusos de lesbianas hacia los niños que crían son frecuentes y se les echa tierra encima por razones de corrección política.

Y finalmente, sí podemos decir que se vengaron del sexo masculino en la persona de este niño de dos años. Las señales de tortura halladas en los genitales hablan bien claro.

Frente a este caso, los servicios sociales se han visto en el apuro de dar explicaciones, de justificar por qué nadie intervino antes. Servicios sociales, es necesario recordar, que no respetan la familia natural; que a menudo son enemigos de los padres y pueden quitar la custodia por razones odiosas como –por ejemplo- que los padres y los hijos tienen obesidad mórbida o su nivel cultural es muy bajo, o recientemente por razones ideológicas como la formación religiosa dada a los hijos.

¿Por qué el Estado, cosí invasivo y arrogante hacia las familias en tantas ocasiones, no intervino ante las señales que  había (porque las había)? La respuesta que dieron es que el caso “escapó a la detección del radar” de los servicios sociales.

Qué delicadeza en la expresión. Escapó a la detección del radar.

Lo expresaremos en lenguaje algo más llano: quienes vieron las señales de advertencia no hicieron nada porque estaban acojonados, ante la posibilidad de ser acusados de homofobia y de poner en discusión las “familias” homosexuales y la crianza de niños por invertidos. Es demasiado fácil imaginar cómo esas dos empoderadas sádicas habrían chillado histéricamente quejándose de homofobia, cómo las innumerables asociaciones basura de la lobby homosexual habrían puesto el grito en el cielo, si alguien se hubiera atrevido a acusarlas de maltratar a su hijo sin las suficientes pruebas.

Ahora, finalmente, hay pruebas suficientes: el cuerpo ultrajado y martirizado de un niño de dos años que ha vivido un infierno difícilmente imaginable.

La responsabilidad, por tanto, no recae solamente sobre el sadismo de dos perturbadas mentales, sino sobre una sociedad enferma. La verdadera razón de que este niño haya sido torturado hasta la muerte sin que nadie interviniera la debemos buscar en la delicadeza de los servicios sociales hacia los homosexuales, en sus radares defectuosos sensibles al género, en la continua propaganda homosexualista en los basurmedios de comunicación, en la miserable legislación subversiva del orden natural de las cosas, promotora de la degeneración y la aberración.

Estas son las verdaderas razones del martirio de ese niño, cuya foto no la veremos por todas partes porque no es una víctima políticamente correcta.

El padre de este niño existe, no se trata de adopción o fabricación en laboratorio. Pero la custodia la tenía la madre. Y este es precisamente el índice definitivo de la degeneración de nuestra sociedad, de un Occidente convertido en un estercolero repugnante, enfermo y podrido hasta la médula: que la custodia de un niño no la tenga su padre sino una pareja de lesbianas.

Max Romano

viernes, 13 de mayo de 2016

SANTIAGO MATAMOROS, LOS SARRACENOS MUERTOS Y LOS BÍPEDOS EN MINIFALDA




Una detestable tendencia a bajarse los pantalones y avergonzarse de la propia historia recorre todo el mundo blanco, el continente europeo y en particular nuestra nación, España. Como en todo lo demás, también aquí en lo pequeño se anuncia lo grande y episodios lejanos entre sí tienen el mismo significado.

El visitante de la catedral de Santiago habrá notado que en una conocida imagen del siglo XVIII de Santiago Matamoros ha sido censurada con ridículas florecitas la parte inferior, que representa tres sarracenos enteros y la cabeza de un cuarto, todos muertos por la justa furia del Apóstol guerrero, que se llama Matamoros porque mataba moros y no porque le gustara poner florecitas a los pies de su caballo: en tal caso se habría llamado Santiago Hijo de las Flores.

No es de ahora esta detestable medida, fue decidida ya hace años en esa catedral, como por lo demás se han vuelto habituales, un poco por todas partes, análogas prácticas de pantalones bajados para no ofender a los musulmanes. Se trata de esconder, como si fuera una vergüenza, nuestra propia historia, nuestra cultura y nuestra tradición, los testimonios de nuestro que en el caso de España están ligados a una guerra que duró ocho siglos y cuyo significado fue exactamente una guerra de civilizaciones donde se decidía si la Península Ibérica iba a pertenecer al mundo islámico o al mundo cristiano medieval.

No se entiende muy bien en qué medida todo ello se debe a la arrogancia de ciertos musulmanes, y en qué medida se debe a los mediocres y acomplejados españoles que se avergüenzan de la propia historia y odian lo que son. O no quieren problemas, hasta el punto de que permiten al huésped mandar en la propia casa, nuestra casa. Esta es la esencia de la pusilanimidad: no querer líos, no querer polémicas, evitar el conflicto y que alguien se sienta ofendido.

Lo realmente ofensivo y odioso es que alguien pretenda que nos "retiremos" de nuestra historia y nuestra cultura porque no sea de su agrado, o del agrado de otros. Por parte de un invitado en nuestro país, pretender que ocultemos nuestra historia porque le ofende es un acto de arrogancia que lo descalifica y es motivo suficiente para echarle a patadas. Por parte de un español, pretender lo mismo es un acto de vileza que lo califica como indigno de ser español y europeo.

España se ha forjado en la Reconquista, en una guerra religiosa, y esto es inseparable de nuestra Historia. No quiere decir que ahora debamos seguir en guerra, ni que se deba cultivar el odio o la enemistad por fuerza, hoy en día, ni que vayamos a volver a la Edad Media. El pasado es pasado, pero está ahí y pretender que nos avergoncemos de ello es un insulto.

Para terminar, me gustaría hacer notar que la actitud de aquellos españoles que, por no ofender al musulmán, quieren que se censure y oculte nuestra historia y nuestra cultura, es exactamente la misma actitud que el de aquellos bípedos con documento de identidad masculino (no los llamaré hombres) que en Holanda, para protestar contra las agresiones a mujeres por parte de inmigrantes, se “solidarizaron” con ellas manifestándose en minifalda.

El mismo tratamiento que estaban pidiendo a gritos los bípedos holandeses en minifalda, es el que piden quienes cubren con flores los sarracenos muertos en las imágenes de Santiago Matamoros.

Max Romano

viernes, 6 de mayo de 2016

HARTO DE ESTUPIDECES




Cualquiera que tenga dos dedos de frente y un mínimo de sensibilidad (la verdadera, la auténtica, no esa cosa que el decadente llama “sensibilidad”, grasienta y mórbida, pegajosa y fofa como un molusco muerto) siente que la sociedad actual ha colmado su medida interior para las imbecilidades.

Con otras palabras, uno está harto de estupideces. Así que pongamos algunas cosas en su sitio.

Viva el juguete bélico y vivan los bofetones a tiempo a los niños. Vivan los educadores que incitan a los niños a jugar y no a socializar. Vivan las obras y los discursos, en todos los campos, en los que se ensalza el patriotismo, la familia, el heroísmo y los valores guerreros, el sacrificio y la comunidad. Abajo los bodrios infumables con los que nos quieren reeducar en el mediocre moralismo barato igualitario y su fangoso, trasnochado sustrato mental paramarxista-freudiano.

Vivan los estereotipos de género, sexistas y patriarcales, símbolo de salud y civilización. Vivan las películas en las que los malos no son víctimas de la sociedad, sino hijos de mala madre puestos en libertad por abogados izquierdistas, donde a los villanos les vuelan la cabeza héroes como debe ser: políticamente incorrectos, incorregiblemente y rigurosamente machistas, que ostentan un soberano desprecio por sociólogos, psicólogos y toda la morralla progresista que lleva decenios infestando Occidente.

Podrán parecer nimiedades y cosas secundarias, o serlo efectivamente; pero es que el veneno entra en pequeñas dosis y cuando nos queremos dar cuenta, ya estamos envenenados.

Lo que quiero decir es que debemos aprender a vivir, a entretenernos, a sentir dentro de nosotros siguiendo el principio férreo de rechazar lo que el sistema, sus malos maestros y sus ideólogos  han preparado para nosotros.

Fuera de nuestra mente su televisión, sus repugnantes productos que tienen, siempre, un contenido ideológico y un veneno oculto; desdeñemos sus formas de entretenimiento, los modelos de vida que nos propone el sistema, nunca inocentes sino cargados de decadencia. Fuera sus expertos y sus malos consejeros. Fuera sus mercenarios de la degeneración pagados para corrompernos a nosotros y a nuestros hijos.

No aceptemos todo lo que se nos propone, encendamos el cerebro y tengamos sentido crítico. Hagamos el esfuerzo de salir de la pasividad que quieren de nosotros para mejor meternos su inmundicia en la cabeza. Hagamos el esfuerzo de seleccionar, de buscar, de crear nuestro entretenimiento, nuestro ocio y nuestra ocupación del tiempo.

No es difícil en absoluto orientarse: en todo lo que el progresismo ve con malos ojos, ahí está la libertad y la regeneración. Aprendamos a encontrar nuestra verdad en nuestra cultura: en nuestra música popular y música clásica, en nuestra literatura, en nuestras tradiciones populares, en nuestro arte figurativo, en nuestros cuentos políticamente incorrectos de príncipes y princesas como debe ser, en vez de repelentes princesas guerreras, hadas vulgares y ordinarias, orcos buenos y príncipes calzonazos.

Una lectura meditada de uno de los clásicos, una contemplación serena de Velázquez o El Greco. Una visita a un castillo medieval de los muchos que se conservan, imaginando una atroz batalla concluida con una exaltante matanza de infieles o de enemigos de la Patria, seguida por la emotiva sepultura de los caídos.

Existen múltiples puertas que nos abren la verdad de lo que fuimos y que están ahí, porque fueron el producto del inconsciente de nuestros pueblos, son una posibilidad justo bajo la superficie de la conciencia envenenada por el sistema; entreabrir una de esas puertas, que pase un rayo de luz, puede ser suficiente para descontaminar la mente, mostrar en toda su miseria y su bajeza el verdadero nivel de la “cultura”, la “educación”  y los “valores” que se nos quieren proponer hoy en día.

Max Romano