miércoles, 18 de enero de 2017

LIBRERÍA BLANQUERNA, LA INFAMIA AL CUADRADO




Como probablemente los lectores sepan, hace un año se dictaron las sentencias contra los imputados por el acto político patriota que consistió en una irrupción en la librería Blanquerna de Madrid, para reventar una conferencia de carácter separatista. Las condenas fueron entre seis y ocho meses (siendo condenas menores de dos años no habría habido ingreso en prisión) por desórdenes públicos y daños. Nadie resultó herido y hubo solo un par de empujones, en cuanto a daños materiales sólo un cristal roto y un trapo separatista catalán arrastrado por el suelo. Actuación de la justicia (con minúsculas) en verdad excesiva y ya coloreada políticamente, pues no se cuentan las ocasiones en que grupos de ideología izquierdista, separatista o antiespañola han reventado o intentado reventar actos y han agredido, o intimidado, con una contundencia bien mayor.

Pero esta sentencia no le bastaba a la acusación. No les bastaba a los abogados esbirros del gobiernillo catalán, que querían ver a toda costa en prisión a los jóvenes patriotas: querían una sentencia ejemplar para quien, con un coraje moral y una dignidad superior a la suya en muchos órdenes de magnitud, se había atrevido a estropear su repugnante aquelarre separatista. Y he aquí que recurrieron la sentencia para llegar al Tribunal Supremo, porque no era suficiente que estos jóvenes fueran condenados, los querían ver en la cárcel.

Y desgraciadamente se han salido con la suya, el tribunal supremo ha ahora aumentado las penas de manera que si algo no lo remedia (hay que esperar siempre en ello) estos muchachos entrarán en prisión, codo a codo con los criminales verdaderos. En esa prisión donde deberían estar, no sólo la mitad (y soy generoso) de la clase política española por varios motivos, sino la entera plana mayor de los dirigentes separatistas catalanes porque han violado repetidas veces la ley de manera clarísima, ley que defiende la unidad de España.

Odiosa sentencia por tanto, que se ha motivado con un agravante de nueva invención que se llama discriminación ideológica… es decir que dar un empujón y reventar un asqueroso acto separatista se considera más grave, porque fue motivado por hostilidad hacia la ideología catalanista (separatista llamando a las cosas por su nombre porque si no tenemos nada contra lo catalán, sí contra el separatismo). Retorcido sentido del humor por parte del tribunal supremo porque, efectivamente, existe aquí discriminación ideológica y es la del propio tribunal. Quien asalta capillas motivado por un rechazo ideológico de la religión cristiana puede irse de rositas, quien asalta una librería motivado por un rechazo ideológico contra el separatismo catalán en cambio merece ir a la cárcel.

Y esto por comparar dos casos similares, en la escasa contundencia del acto y la ausencia de daños físicos a nadie. Pero debemos también, para poner las cosas en su perspectiva correcta, tener presente la violencia muchísimo mayor en tantas ocasiones y tantos actos reventados (o intentados reventar) por parte de la izquierda, de los propios separatistas catalanes y vascos.

Si eres un cerdo antiespañol y odias la patria te está permitida una medida (bastante holgada) de violencias e intimidaciones amparado por tu ideología, amén de promover iniciativas separatistas ilegales e inconstitucionales. Si eres patriota y defiendes España vas a la cárcel con el menor pretexto. No por un vidrio roto y un empujón, evidentemente, sino por ser patriota.

Esta es, qué duda cabe, discriminación ideológica.

Una comparación odiosa: estos muchachos pueden fácilmente pasar en prisión más tiempo, mucho más, que el tiempo que permaneció entre rejas aquel menor que asesinó vilmente a un guardia civil en un control de tráfico, atrapándole el brazo con la ventanilla y arrastrándolo varios cientos de metros con el coche. El asesino cumplió una pena de pocos meses y salió hace poco de la cárcel.

Creo que sobran comentarios. Y los que se me ocurren prefiero no escribirlos.

Concluiré afirmando mi apoyo total a estos muchachos víctimas de discriminación ideológica, a todos ellos pero de manera especial a Pedro Chaparro, pues le conozco personalmente, persona íntegra que representa lo mejor de la juventud española, en medio de un auténtico estercolero de degeneración.

miércoles, 4 de enero de 2017

KEVIN KREHAN MÁRTIR EUROPEO






Después de una larga inactividad, debida a la preparación de varios proyectos, creo que es hora de que el Oso salga de su letargo.

El martirio de Kevin Krehan, asesinado por el régimen del racismo anti-blanco y los traidores al poder que quieren destruir a los pueblos europeos.

Este hombre fue asesinado el 30 de diciembre en la cárcel británica donde cumplía una injusta y excesiva condena, y lo podemos considerar el primer mártir del 2017. Mártir por Europa y por la supervivencia de Europa, de sus pueblos y su identidad.

Para quien no lo sepa, Kevin Krehan fue condenado por dejar emparedados con panceta a las puertas de una mezquita, en señal de protesta contra el Islam.

¿Acción inadecuada la suya? ¿Discutible? Puede ser, pero quizá la única manera que este hombre tenía de protestar, en un país represivo, con leyes liberticidas que hacen cada vez más difícil la crítica a las inmigración masiva y la destrucción de la propia tradición, un país de espionaje electrónico sistemático donde la policía puede arrestarte por opiniones políticamente incorrectas vertidas en las redes sociales y por críticas a la sociedad multicultural.

Lo que es seguro es que no merecía un año de cárcel, y mucho menos morir asesinado con la complicidad del Estado, por dejar un poco de tocino a las puertas de una mezquita. Un año de cárcel que estaba cumpliendo íntegramente mientras hay verdadera basura humana que no pisa la cárcel o cumple penas ridículas, por graves delitos. Recordemos que esto ha sucedido en el mismo país donde una banda de paquistaníes violaba y prostituía a adolescentes blancas inglesas ante la pasividad de las autoridades y el Estado, y que pudieron hacerlo durante mucho, muchísimo tiempo precisamente por su raza. Todos tenían miedo de meterles mano por motivos de corrección política.

Tras ser condenado a esta pena aberrante, se dejó sin protección a este hombre en una cárcel llena de criminales, asesinos, violadores y traficantes, muchos de ellos islamistas violentos. Y podemos estar seguros de que toda esta carne de horca sabía por qué Kevin Krehan estaba allí. Que le plantaran un cuchillo en el cuerpo era solamente cuestión de tiempo.

Asesinado por una falta insignificante, pero sobre todo por ser europeo y blanco. Asesinado por la tiranía de la corrección política y el el régimen de racismo anti blanco instaurado por los traidores al poder. Asesinado por quienes promulgaron leyes aberrantes. Asesinado por quien lo condenó a un año de cárcel por poner tocino en la puerta de una mezquita. Asesinado por quien debió protegerle y lo dejó a la merced de los degolladores.

No deseo que este crimen les pese sobre la conciencia, porque probablemente no la tienen. Y también porque sinceramente me importa un comino que les pese o no. Pero lo que sí me importa y sí deseo es que un día esta casta de enemigos de Europa caiga, y naturalmente que se les obligue a responder por sus actos.

Por tanto, esta vez no voy a mear mirando a Inglaterra, como aconsejaba nuestro Blas de Lezo a todo buen español, y dedicaré estas breves líneas a la memoria de Kevin Krehan, mártir de Europa. Que su sangre sea semilla de rebelión.

MAX ROMANO

viernes, 8 de julio de 2016

FUTURUM NOSTRUM


Una inquietante novela de anticipación sobre el futuro próximo de España y Europa




Futurum Nostrum… ¿nuestro futuro?

Lo que nos depara el porvenir es una incógnita ciertamente (por suerte) pero el futuro descrito en este libro es uno de los posibles… y hasta probable, si las políticas felonas, antieuropeas y suicidas de nuestros gobernantes no cambian.

Futurum Nostrum es una novela escrita por mi amigo y camarada Lucio Peñacoba, una distopía que es un cuadro imaginado de un futuro lamentable, en Europa y España. Un futuro en el que el orden público se desmorona y se desencadenan conflictos generalizados de carácter étnico-religioso, con los pueblos europeos doblemente víctimas: por un lado de una inmigración incontrolada, que da lugar al nacimiento de comunidades enteras alógenas y creación de zonas de No-España en la Península (y concretamente en Madrid, donde se desarrolla buena parte de la acción); por otro lado de los traidores internos, que como una infección destruyen las defensas de la sociedad y enseñan a los españoles a odiar lo que son, haciéndoles incapaces de reaccionar.

El lector atento reconocerá cómo la realidad actual se parece –incluso demasiado- a la primera parte de la novela, donde se incuba el caos del futuro. Una primera parte que quizá dentro de poco sea superada por los acontecimientos y ya no sea imaginación futurista, sino novela costumbrista.

Libro bien escrito y entretenido, que se deja leer fácilmente y yo leí de un tirón, es la historia de unos personajes, no superhéroes sino gente corriente, que intentan sobrevivir en medio de un mundo que se desmorona. Gente común pero no vulgar, sino muy al contrario perteneciente a esa élite invisible que sabe dar lo mejor de sí cuando un mundo torcido termina de pudrirse y desemboca en el caos. Gente que podría ser cualquiera de nosotros, que no se abandona al nihilismo sino que sabe mantener la dignidad y unirse, como respondiendo a una secreta llamada, para crear un rincón de orden y una semilla de futuro en medio del desastre.

El libro se puede solicitar en la tienda KELTIBUR

Deseo buena y entretenida lectura de este libro totalmente recomendable, y también con la esperanza de que que sirva de estímulo a la reflexión: para aprender a ver las señales de este futuro posible en las noticias que nos llegan cada día, para reconocer en tantos discursos aparentemente inocentes y bienintencionados la falsedad y la mentira, la palabra envenenada de los sembradores del caos.

viernes, 1 de julio de 2016

OCCIDENTE, EL GRAN AQUELARRE HOMOSEXUALISTA





Como cada año por estas fechas estamos en la Semana del Orgullo, ese carnaval chabacano y ramplón que cada verano castiga las ciudades de medio mundo y especialmente de Occidente. El homosexualismo ha logrado apropiarse del arco iris, hermoso símbolo hasta que los sodomitas lo erigieron en su bandera, de la palabra “Orgullo” y hasta de la alegría, pues no es otro el sentido original de “Gay” en inglés. Alegría que, por cierto, vemos bien poco en los nauseabundos aquelarres LGTB, vemos únicamente exhibicionismo impúdico compulsivo, la anormalidad que rompe todas las barreras y una voluntad de provocar verdaderamente arrogante, bien cubiertos como se saben por nuestras basurclases dirigentes.

Ya comenté el tema en mi entrada Repugnante semana de propaganda sodomita escribiendo la cual me quedé, lo admito, muy a gusto. No voy a repetirme, pero sí a comentar cómo la situación sigue empeorando, cómo la propaganda de la lobby homosexual (que existe de manera evidentísima y tiene una influencia enorme) ha lavado los cerebros y ha inundado el ambiente social, hasta el punto de que quien se opone a la ideología homosexualista cada vez está más aislado y se le empieza a perseguir con una repugnante nueva inquisición.

El ambiente homosexualista es ya un hecho, ya domina el discurso y por mil signos se quiere imponer a todos como la nueva ortodoxia. Es un cambio que ha tenido lugar muy rápidamente, en menos de una generación, que quien tenga más de treinta años ha podido observar perfectamente. Tres episodios bastarán para ilustrar este hundimiento.

El primero es la política de la Universidad Complutense que premiará con créditos ser voluntario en el Orgullo Gay. Méritos académicos dignos de nota, efectivamente, en el mundo semianalfabeto de la corrección política. Poco importa que sean créditos para uno de los numerosos títulos basura, lo importante es el aspecto simbólico. La Universidad se ha convertido en un estercolero, además de un nido de sabandijas radicales y de fomento de la degeneración; seguramente no un lugar donde se pueda pensar libremente, pues la mano de hierro de la censura progresista vigila y castiga.

El segundo es el episodio de una madre que envió una queja a la basurcadena televisiva que estaba viendo su hijo de nueve años, pues estaba emitiendo (en horario infantil) un programa de promoción de la bisexualidad. Inmediatamente los twitterborregos comenzaron a protestar en masa y agredir verbalmente a la señora por su contra la queja “homófoba”; hasta salió la noticia en algunos medios, naturalmente con comentarios desfavorables a la madre. La mujer había escrito “sinvergüenzas, asquerosos, hijos de vuestra madre” que es lo mínimo que se puede decir frente a un programa de promoción de bisexualidad en horario infantil, cuando tu hijo lo está viendo. Este odioso ambiente de linchamiento contra quienes resisten a la propaganda homosexualista se está convirtiendo en algo general, y va en paralelo al uso impropio de la palabra homófobo, que les han metido con calzador a los cerebros lavados, para que la escupan contra todo aquel que se oponga a la degeneración sexual y a la corrupción de sus hijos.

El tercer episodio son las palabras del Papa marxista y políticamente correcto que se va ya quitando la careta para revelarse un instrumento más de las fuerzas de la degeneración. Además de exhortar a los líderes cristianos a moderar su discurso contra las uniones de invertidos, también ha dicho que los cristianos deberían pedir perdón a los homosexuales. Tales lamentables palabras muestran cuán bajo ha caído la iglesia. Es el Papa sin duda quien debería pedir perdón a los católicos, por colaborar con la descomposición social, traicionar su doctrina, su patrimonio espiritual y a los creyentes que le siguen aún. La religión cristiana fue baluarte durante siglos de valores válidos (quizá porque era un catolicismo europeo en una Europa sana) y aún puede serlo, pero actualmente la Iglesia está recorriendo una pendiente descendente, sacando a la luz lo peor que lleva dentro y alineándose cada vez más con la corrección política.

Sin extenderme más, el cuadro que se nos presenta es de un dominio aparentemente irremediable del homosexualismo y las lobbies de la degeneración, pero no debemos olvidar jamás que las fuerzas cuyo triunfo es tan completo son en realidad como las células cancerosas que triunfan en un cuerpo moribundo y que todo este mundo lleva dentro un hedor a cadáver y descomposición. Sólo los mentecatos con la mirada vacía perdida en la hipnosis progresista, sin perspectiva ni memoria ni recto criterio, pueden pensar que es el necesario e irreversible progreso de la especie humana.


Estamos en una época de decadencia y degeneración, permeada del olor inconfundible de la muerte, como ha habido otras en la historia. Se trata de mantener firmes las posiciones y poner los ojos en el futuro, sin descender a compromisos ni aceptar el discurso de los mensajeros de la podredumbre.

Max Romano

viernes, 24 de junio de 2016

LA ESPAÑA ESTÚPIDA, FANÁTICA Y MALCRIADA







Escribo Estas líneas al día siguiente de una votación con la que los británicos han decidido salir de la Unión Europea; ha debido ser un revés de cierta entidad para las élites mundialistas que nos dirigen bajo fachada democrática, a tenor de la impertinencia y la actitud de injerencia que han exhibido  todo tipo de personajes e instituciones a favor de la permanencia en la UE; Unión Europea que se está revelando un fracaso, un yugo para los pueblos de Europa, una imposición de la degeneración social desde arriba y una manera de tener a Europa políticamente débil y sometida a estas élites mundialistas.

Pero no es el tema de esta entrada Europa sino España. En efecto el próximo domingo 26 se celebrarán elecciones generales en nuestro país,. El ambiente dominante en la política y fuera de ella es, no sólo de estupidez generalizada y bajísimo nivel por todas partes (a lo que ya estamos acostumbrados desde hace tiempo), sino también de un fanatismo creciente y un clima intimidatorio por parte de la extrema izquierda; situación que podríamos describir como la salida de toda clase de ratas de sus antros las cuales, sabiéndose impunes y cubiertas por sus congéneres en el poder, se sienten autorizadas a agredir y vejar todo lo que está por encima de ellas y supera su ratesca concepción del mundo.

Sobre lo primero, la mediocridad general, basta observar el vacío de los discursos, la insignificancia de los políticos que no saben más que repetir los lugares comunes y las vulgaridades en boga. Enanos mentales incluso comparándolos con los políticos de la Transición, que ya es decir. Un ejemplo entre tantos, la repetición por parte de la izquierda del término “heteropatriarcado” como fuente de todos los males (un poco como la repelente española media actual habla de “machismo” cada vez que un hombre le lleva la contraria); ya el uso del término “heteropatriarcado” califica inmediatamente como mentecato a quien hace uso de él: es como si tuviera escrito en la frente “soy imbécil”.

Acerca de lo segundo, el fanatismo y el clima de agresión, desde hace tiempo se repiten una serie de pequeños episodios aberrantes, pequeños pero no aislados ni ocasionales, que se van generalizando y van a más. La quema de dos capillas en la Galicia rural, las agresiones por llevar la bandera de España, la prepotencia habitual e impune de los piojosos y la escoria con los símbolos nacionales y religiosos. Prepotencia posible en primer lugar porque se saben con las espaldas cubiertas por esa otra escoria afín que ha escalado el poder.

Democráticamente es cierto, pero eso nunca puede ser un argumento a favor de la chusma, sino al contrario un argumento contra la democracia, por haber forjado una generación con semejante porcentaje de degenerados, niñatos malcriados y revolucionarios de pacotilla asustaviejas (pues el verdadero coraje de medirse con quienes les pueden devolver el golpe no lo tienen).

A ellos vamos, a toda esta gente berreante que querría volver al espíritu de los años treinta, que se llena la boca todos los días con los bien conocidos abortos de la mitología izquierdista de la época: antifascismo, la segunda república, el marxismo-leninismo, etcétera; referencias desde luego que, además de ser en realidad una simple pose (no podría ser de otra manera) están condimentadas con la ignorancia, el sectarismo y una lectura de la historia grotescamente deformada.

Sin embargo, a pesar de todo y por mucho que se empeñen en volver al pasado y retorcer la retórica, la realidad no da para más: lo que fue una tragedia española en un mundo de conflicto auténtico, duro y a muerte, con modelos alternativos de sociedad y un contenido real de la política, hoy no puede ser más que una farsa ridícula.

El material humano es demasiado diverso, los revolucionarios de salón y mariscada incubados en los antros parasitarios de la izquierda universitaria no son los  intelectuales de los años treinta; ni los estudiantes son lo mismo pues hoy ni siquiera estudian sino que se limitan a parasitar, hacer botellón y jugar con los aparatos imbecilizadores electrónicos. Los revolucionarios de ayer no son los hijos del bienestar y niñatos malcriados de hoy que asumen poses izquierdistas; por cierto que si aquéllos viviesen hoy pondrían a los segundos en su sitio a guantazo limpio. Lo que no significa que los actuales sean inofensivos, sea claro. A nivel personal y político, son perfectamente capaces en lo  primero de herir o matar y en lo segundo, también son perfectamente capaces de destrozar España. Ya han destrozado la cultura y el Derecho, ya han infectado las instituciones y han podrido el Estado, ya han hecho daños gravísimos.

Pero no son más que los niños mimados y malcriados del sistema, payasos totalmente integrados en la ideología dominante y a los que se permiten estos caprichos; gente cuyos ideales son en el fondo pequeñoburgueses (sí, precisamente ellos que a palabras lo rechazan, pero no es nada más que la inmadurez del adolescente que berrea su emancipación mientras papá sigue pagando) en el mejor de los casos; pero por lo general su  ideal no es ni siquiera éste, sino puramente parasitario, sobre todo en la variedad izquierdista del revolucionario de plastilina y sus mediocrísimos representantes políticos. Por tanto convergen con sus “oponentes” políticos de la “derecha” en su adhesión total al status quo y al sistema de poder establecido.

En vano buscaremos potencial revolucionario o propuestas válidas de cambio. La retórica izquierdista y leninista es únicamente eso, retórica, porque tienen la cadena muy medida; no son expresión de nada nuevo sino exclusivamente de la degeneración personal, política, moral, cultural que conlleva el marxismo cultural y el pensamiento único, del cual son la expresión desaseada y piojosa, así como las juventudes de la “derecha” son la expresión con ropa de marca. Aunque por lo menos hay que reconocer a estos últimos su mayor  aseo, que ya es algo.

Los revolucionarios “marxistas-leninistas” de hoy no atacan los símbolos religiosos y patrióticos y quieren destruir España porque sean los herederos de los años treinta; lo podrán pensar algunos en su confusión mental, pero la verdad es que atacan la religión y la patria porque el Mundialismo, el Sistema y la Finanza Cosmopolita quieren la destrucción de las tradiciones y las patrias. Ellos no son más que sus marionetas obedientes. No son no siquiera jóvenes a pesar de haber nacido ayer, carecen de la chispa de la auténtica juventud y con veinte años tienen ya mentalidad senil y caduca.

No obstante las apariencias, si ha de haber un futuro para España y Europa, no está en esta masa de viejos de veinte años y sus malos maestros de cuarenta. El futuro está en los españoles que tienen aún el sentimiento sano y recto de la tradición y de la patria, de quienes no se dejan llevar por la corriente de aguas inmundas procedentes de las cloacas que rebosan y pretenden arrastrar todo a su paso.

MAX ROMANO

viernes, 17 de junio de 2016

LAS LESBIANAS, EL RADAR DEFECTUOSO Y EL NIÑO TORTURADO HASTA LA MUERTE




La venganza contra el sexo masculino llevada a cabo en la persona de un niño de dos años

Al lector probablemente le habrá pasado desapercibida esta noticia, pues los medios basura de la gran prensa, tan dispuestos a saltar inmediatamente con chillidos histéricos cuando alguien le da un empujón a un mariquita en cualquier calle española, han guardado un silencio cómplice y totalmente intencionado sobre este suceso. ¿Por qué? Porque la víctima es un niño de dos años, torturado sistemáticamente durante largo tiempo y finalmente muerto por los golpes que le propinaban sus dos “madres”, una de ellas la madre verdadera y la otra su pareja lesbiana. Las dos han sido condenadas hace un par de semanas a cadena perpetua por un tribunal en Escocia.

Aunque los basurmedios en nuestro país hayan pasado de puntillas sobre ello, el caso ha tenido bastante resonancia y una búsqueda en internet proporciona múltiples referencias a la noticia. Naturalmente les ha faltado tiempo, a los diversos tipos de borregos, idiotas y malintencionados de la corrección política, para decir que esta monstruosidad no tiene nada que ver con el hecho de que fueran lesbianas.

Bien, para empezar ya el solo hecho de confiar la crianza de un niño a una pareja de lesbianas es una violencia contra la infancia, independientemente de si las lesbianas comenten o no otras violencias adicionales, que sí sean reconocidas como tales por nuestra degenerada sociedad. Ignoro si estas violencias adicionales son cometidas en mayor número en las aberrantes “familias” homosexuales, respecto a las familias de verdad que merecen este  nombre. No puedo asegurarlo. Pero lo que sí sé es que se tratan con mucha discreción los casos que salen a la luz de homosexuales que abusan de sus “hijos”; que un niño criado por invertidos tiene altas probabilidades de crecer con una identidad sexual desviada, es decir de sufrir esa violencia contra la infancia llamada corrupción de menores, como se decía cuando se llamaba a las cosas por su nombre, es decir antes de que la basura humana tomase el control de Occidente; y sé también, con mayor certeza porque ha sido verificado repetidamente, que los menores que crecen sin la presencia y la protección del Padre (del Padre, recalco, mal que le pese a la canalla antipaterna) tienen más riesgo de sufrir abuso y maltrato.

No le ahorraré al lector los detalles odiosos que han salido durante el proceso. Le dejaban atado a una silla durante horas tras duchas de agua fría, le encerraban en una jaula, le metían a oscuras en un habitación con ratas y serpientes, le obligaban a comer excrementos de animales y sus propios vómitos, le propinaban repetidos golpes (los médicos encontraron treinta lesiones externas en su pequeño cuerpo, prácticamente no le dejaron un rodal sano), le rompieron un brazo y un muslo; finalmente, la causa inmediata de la muerte fue que le reventaron el corazón a golpes. Recordemos, se trataba de un niño de dos años.

Creo que es suficiente. Honestamente no podemos decir que torturaron al niño hasta la muerte porque eran lesbianas. La mayor parte de las lesbianas que crían niños no hacen esto, o por lo menos no llegan a ese extremo. Pero sí podemos decir que pudieron llegar a ese punto sin que nadie interviniera porque eran lesbianas. Sí podemos decir que querían la custodia del niños únicamente para torturarlo (me parece evidente después de lo comentado). Sí podemos decir que los casos de abusos de lesbianas hacia los niños que crían son frecuentes y se les echa tierra encima por razones de corrección política.

Y finalmente, sí podemos decir que se vengaron del sexo masculino en la persona de este niño de dos años. Las señales de tortura halladas en los genitales hablan bien claro.

Frente a este caso, los servicios sociales se han visto en el apuro de dar explicaciones, de justificar por qué nadie intervino antes. Servicios sociales, es necesario recordar, que no respetan la familia natural; que a menudo son enemigos de los padres y pueden quitar la custodia por razones odiosas como –por ejemplo- que los padres y los hijos tienen obesidad mórbida o su nivel cultural es muy bajo, o recientemente por razones ideológicas como la formación religiosa dada a los hijos.

¿Por qué el Estado, cosí invasivo y arrogante hacia las familias en tantas ocasiones, no intervino ante las señales que  había (porque las había)? La respuesta que dieron es que el caso “escapó a la detección del radar” de los servicios sociales.

Qué delicadeza en la expresión. Escapó a la detección del radar.

Lo expresaremos en lenguaje algo más llano: quienes vieron las señales de advertencia no hicieron nada porque estaban acojonados, ante la posibilidad de ser acusados de homofobia y de poner en discusión las “familias” homosexuales y la crianza de niños por invertidos. Es demasiado fácil imaginar cómo esas dos empoderadas sádicas habrían chillado histéricamente quejándose de homofobia, cómo las innumerables asociaciones basura de la lobby homosexual habrían puesto el grito en el cielo, si alguien se hubiera atrevido a acusarlas de maltratar a su hijo sin las suficientes pruebas.

Ahora, finalmente, hay pruebas suficientes: el cuerpo ultrajado y martirizado de un niño de dos años que ha vivido un infierno difícilmente imaginable.

La responsabilidad, por tanto, no recae solamente sobre el sadismo de dos perturbadas mentales, sino sobre una sociedad enferma. La verdadera razón de que este niño haya sido torturado hasta la muerte sin que nadie interviniera la debemos buscar en la delicadeza de los servicios sociales hacia los homosexuales, en sus radares defectuosos sensibles al género, en la continua propaganda homosexualista en los basurmedios de comunicación, en la miserable legislación subversiva del orden natural de las cosas, promotora de la degeneración y la aberración.

Estas son las verdaderas razones del martirio de ese niño, cuya foto no la veremos por todas partes porque no es una víctima políticamente correcta.

El padre de este niño existe, no se trata de adopción o fabricación en laboratorio. Pero la custodia la tenía la madre. Y este es precisamente el índice definitivo de la degeneración de nuestra sociedad, de un Occidente convertido en un estercolero repugnante, enfermo y podrido hasta la médula: que la custodia de un niño no la tenga su padre sino una pareja de lesbianas.

Max Romano